La era de la (des)información

No es ajeno a nadie la cantidad obscena de información que nos llega a diario, sin buscarla, sin pedirla, es una avalancha de datos, formas de hacer las cosas, recetas, consejos, y muchos etcéteras más.

Hay una parte extremadamente positiva de esta realidad y es la democratización en el acceso a esta supuesta información. Hoy cualquier persona con un teléfono inteligente y acceso a algún tipo de conexión a internet puede tener en su mano montañas de datos sobre los temas más diversos.

Ahora bien, el desafío no es el acceso sino la capacidad de filtrar lo que es cierto de lo que no lo es, saber reconocer una opinión en lugar de un dato, un análisis tendencioso de uno realizado objetivamente, ya que todo viene de la misma fuente: internet.

Esto es aún más interesante cuando nos vamos a la educación. Mi generación (tengo 53 años al momento de escribir esta nota) se formó académicamente con un texto para cada materia (sí, uno) que era la verdad sobre cada una de ellas. Este artículo no pretende hacer revisionismo sobre la educación que recibió mi generación ni nada que se le parezca, apenas lo cito para ver el contraste con la actualidad.

Hoy en día los niños y adolescentes tienen a golpe de dedo un sinnúmero de respuestas a cada tema, opiniones, datos, análisis. Y nuevamente el desafío está en analizar qué es lo que está bien de lo que no lo está. ¿Cuál es el criterio con el que un niño de 10 u 11 años discierne entre las alternativas que recibe? Claramente parece una disyuntiva difícil de manejar.

De todas formas, ante los dos escenarios ¿con cuál se quedan? En lo que a mí respecta, sin ninguna duda prefiero el escenario actual con más opciones, alternativas, porque permite una apertura mental mayor y sin duda debería generar mejores soluciones para los problemas. Pero el tema es que tenemos que tomar decisiones y finalmente elegir con qué nos quedamos y con el agravante de que no es posible leer todo lo que recibimos para ver qué nos sirve y qué no.

Y aquí otro dato interesante en la línea del título: el grueso de las noticias reenviadas (no es posible establecer un número exacto pero hay algunos estudios que hablan de más del 70%), no fueron leídas por el que las reenvía, en realidad se reenvían títulos, no contenidos. Esto sí es muy grave porque hay un efecto validador de quien te lo reenvía y eso puede eventualmente generar desinformación.

Pero vayamos al punto, quien leyó el artículo hasta aquí (esperemos que sean muchos) dirá: … bárbaro, y, ¿ahora qué?

Justamente, el foco de Portus es ese, colaborar con las empresas en el análisis de los datos que recopilan intencionalmente, los que se generan por la propia lógica de la actividad y todos aquellos que puedan servir para tomar mejores decisiones. Porque claramente el análisis anterior también aplica al mundo corporativo y empresarial.

Sino, pónganse a pensar toda la información que acumulan casi que por inercia: patrones de compra de sus clientes, patrones de aprovisionamiento necesarios, costos de la venta, repetibilidad, etc., etc. y piense ahora cuántos de esos datos usa realmente para tomar las decisiones de compra y/o venta. Allí está el punto.

Y esto no es caprichos, no es que las empresas no los usan porque les parece mal o porque no saben su valor. El tema es que para que eso ocurra hay que destinar un recurso a analizar la información y además muchas veces la información no dice lo que la dirección de las empresas necesita saber. Entonces finalmente se terminan tomando decisiones basados en información histórica y en general en forma intuitiva.

Y lo interesante de todo esto es que el grueso de la información (que es lo más caro de obtener) ya está a la interna de las empresas. En siguientes notas, analizaremos las oportunidades tanto para la venta como para el aprovisionamiento de las empresas.

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